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Ella, la de la sonrisa eterna

Jorge Gómez Naredo.-

Josefina Vázquez Mota en Guadalajara. foto Arturo Campos Cedillo.

Ella siempre sonríe: digamos que es sempiterna su sonrisa, nunca se le va, nunca se le pierde, jamás desaparece. Ella siempre busca que su condición de “ella”, es decir, de mujer, sea un elemento que tenga implicaciones en la percepción de la gente: “por ser mujer debería todo el pueblo de México votar por ella”. A eso le apuesta. No solamente ella, sino el montón de bien pagados y nada éticos publicistas que la asesoran, que le dicen qué decir y qué no decir, y cuándo hablar. Ella se llama Josefina Vázquez Mota y es candidata a la presidencia de la república por el Partido Acción Nacional.
Ella escribió ya hace tiempo Dios mío, hazme viuda por favor. Es un libro de esos denominados de “superación personal”. Basta leer algún extracto del texto para darse cuenta de ello. Por ejemplo, en la introducción, la ahora candidata a la presidencia escribió: “la reacción de mi esposo al oír este título probablemente será la de muchos otros: creer que este libro es un compendio de amarguras y deseos de resolver la vida eliminando a otros. Nada más lejos del propósito del mismo. Dios mío, hazme viuda por favor es un llamado a la mujer, al hombre, al joven, al ser humano para asumir el reto y la aventura de vivir. Tomar las riendas de nuestra vida, ejercer la libertad en lo cotidiano y lo trascedente, cobrar conciencia de que poseemos inteligencia y voluntad, parece ser hoy la tarea más difícil que enfrenta el hombre a fin de siglo y principio del tercer milenio”.
Ella explota el “ser mujer”. Quiere que eso sea una ventaja significativa en la contienda electoral que está pronto comenzando. “Por ser mujer, deberían votarme”, parece ser su único mensaje. Y aprovecha toda ocasión para mencionar a las mujeres y reiterar lo difícil que fue para ella, siendo mujer, llegar a donde está. Piensa que por ser mujer tiene una especie de exclusividad para hablar de las mujeres mexicanas. Sin embargo, su discurso es endeble y no se corresponde con los hechos: durante sus gestiones como secretaria de Educación y de Desarrollo Social, además de como diputada, no presentó iniciativa ni propuesta alguna para erradicar las insoportables inequidades de género en el país. Sí, Vázquez Mota aprovecha el discurso de las mujeres para ganar votos. Nada más para eso.
Ella, cuando se encuentra ante un auditorio, busca denodadamente agraciarlo: quiere estar en la sintonía de los jóvenes, de los empresarios, de las comunidades indígenas, de las bases partidistas, de los intelectuales, de los pobres, de los ricos, de los marginales, de las élites, etcétera. Quiere darles gusto a todos. Como con la sonrisa no le alcanza, busca ser amable, chistosa. Le sucedió cuando estaba enfrente de un auditorio lleno de estudiantes del Instituto Tecnológico Autónomo de México. Para sentirse cerca a ellos, en sintonía con ellos, para ganar unos cuantos votos, discriminó a la universidad donde estudió: la Iberoamericana. Dijo en esa ocasión Vázquez Mota: “así que yo estudié en escuela pública hasta la vocacional en el Politécnico y bueno, como nadie es perfecto, después me fui a estudiar economía a la Ibero”. Así busca ser presidenta Vázquez Mota.
Cuando tomó protesta como candidata del PAN a la presidencia de la república en el Estadio Azul, cuando ella comenzó a hablar, la gente se fue, abandonó el inmueble. Y es que a los “panistas de base” los habían traído (acarreado) desde muchos lugares de la república y los tenían bajo un sol que quemaba y maltrataba. Ella negó lo evidente: que el estadio estuviera vacío mientras hablaba y que hubiera habido acarreados. Digamos que la transparencia y la sinceridad no se le dan a ella.
Vázquez Mota, en su tesina para titularse en economía, calificó a la universidad más importante de México y de América Latina como un monstruo. Sí, en 1998 (cuando se tituló; ella estudió la licenciatura de 1978 a 1983), dijo de la UNAM: “su función (de la UNAM) era educar, pero poco a poco fue convirtiéndose en una institución política, en un monstruo que alberga a medio millón de estudiantes que lamentablemente no tienen ningún interés en su preparación profesional”. Ella sonríe siempre y piensa que la institución de mayor prestigio educativo en México es un “monstruo” y que las personas que ahí estudian y estudiaron no tuvieron ni tienen interés en perfeccionarse profesionalmente. Así de simple.
Así es ella, la autora del libro Dios mío, hazme viuda por favor, la que piensa que por ser mujer debe ganar las próximas elecciones del 1 de julio, la que considera a la UNAM un monstruo y a los estudiantes y egresados de ahí personas faltas de preparación, la que cree que matricularse en la Universidad Iberoamericana es un gran error. Sí, así es ella, Josefina Vázquez Mota, la de la sonrisa eterna.

jorge_naredo@yahoo.com

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