Viernes, 19/12/2014 | 3:39 CST
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Blog: Hermanas

 

 

Eduardo Díaz-Recasens.- Hace años que Guadalajara empezó a seducirme. Hace años que llevo coqueteando con ella. Y hace poco que ese juego de seducción a distancia cobró sentido y me hizo conocerla personalmente. Como Saramago dejaba entrever en La balsa de piedra hay sociedades con carácteres tan fuertes que la hacen grandes propagadoras de ideas, visiones y actitudes, tal es el caso de Guadalajara. Es ella misma la que consigue propagar un fuerte aura de autonomía, de reclamo y fidelidad a un carácter, convirtiéndose en símbolo de algo. Desde España, me pregunto si Sevilla, como Guadalajara, guarda ese carácter como algo distintivo que no solo le condiciona, sino que le justifica como símbolo perdido de “lo español” o “lo mexicano”, ya sea por el flamenco, los toros o el arte del tapeo, como por los mariachis, los charros o el tequila. Creo que por esto mismo entendí el porqué del hermanamiento de ambas ciudades y es por eso que me permito ciertos y prudentes paralelismos no sin antes relativizarlos.

En la Sevilla histórica donde el peso de la cultura latina-ibérica-andaluza es redundante, los problemas también llegan a serlo, y a veces de manera exasperante e irritante. La lucha por el símbolo sin pensar en el contenido del mismo da lugar a numerosas paradojas y cuestiones antropológicas y psico-sociales dignas de mención. La euroanglosajonización que España sufre desde los años 80 ha empezado a calar y ha cristalizado este hecho. Sevilla podría catalizar la representación de los problemas del país, es en ella donde se da la máxima expresión de la profunda crisis social que sacude a España, siendo un magnífico laboratorio para reflexionar sobre el papel que la gestión de sus políticos y su ciudadanía ha representado. ¿Podría ocurrir lo mismo en Guadalajara con respecto a México? ¿Y si hablamos de las políticas relacionadas con la planificación de su transporte público? ¿Qué paralelismos podemos encontrar entre una y otra?

Sevilla tiene una larga historia con la puesta en marcha de su sistema de transporte colectivo en masa, es decir, con su sistema de transporte ferroviario estrella, el metro. Si después de Madrid y Barcelona, quiso hacer lo propio para sacar adelante su desarrollo urbano como catalizadora (una vez más) del desarrollo económico y social de la España meridional, el fracaso de su puesta en marcha no hizo más que poner en evidencia el trasfondo cultural, antropológico y social de la cuestión. En 2009, después de casi 40 años, se consiguió inaugurar la primera línea de metro de la red proyectada. El transcurso de este tiempo no ha hecho más que evidenciar el proceso de democratización y modernización política del país, por el que una nueva clase política ha debido aprender a gestionar y tratar bajo términos de democracia universal un grupo social, que en definitiva es a lo que podría reducirse una ciudad. Aunque la percepción del tiempo podría ser relativa, desde mi punto de vista, en Sevilla se ha tardado demasiado para aprender a hacerlo. Hasta la inauguración de la línea 1 hemos tenido que sufrir un gran caos de tráfico, niveles de contaminación inadmisibles y contrarios a los estándares de la Unión Europea, así como la consolidación de diversos problemas urbanos derivados de la falta de planificación y previsión. Si Sevilla o Guadalajara no contaran con una movilización ciudadana sensible o dispuesta a exigir, remover y presionar, no sería posible el cambio social y cultural necesario para la puesta en funcionamiento de nuestros respectivos sistemas de metro o tren ligero. Sevilla ya llegó tarde, pero ¿y Guadalajara? Es posible que ya esté fuera de tiempo, desde luego hace años que debió continuar con la expansión de su pequeña red de tren ligero, sin lugar a dudas demasiado insuficiente para el fuerte crecimiento que ha tenido en los últimos años, pero lo más difícil de todo es ese procedimiento de cambio social, por el que una cultura latina iberoamericana local debe asimilar otras pautas que le hagan asimilar la pérdida o ausencia de aquéllo que en la actualidad le posibilitaría mejorar su transporte urbano colectivo. Esa cultura de la racionalización entendida desde el individuo para con su comunidad y a la inversa, propia del protestantismo anglosajón que inspiró el capitalismo moderno, posee una fuerza incontestable, y es aquella que combinada con las características propias de la cultura local tapatía podría generar un importante refuerzo para el desarrollo y consolidación de los valores positivos de una sociedad como la mexicana.

Así pues, Guadalajara tiene en sus manos, a través de este ejercicio o reto personal, demostrarse así misma para después hacerlo al resto de México y el mundo que su cambio es posible. Desde su hermana española: ¡ánimo Guadalajara!

*Miembro de Ciudad para Todos

Marzo 4
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La sustancia de los skatos

Paola Reyes.- Parque Ávila Camacho, San Isidro, Santa Cecilia, Parque Morelos, Lázaro Cárdenas-Colón y Ex Penal de Oblatos son algunos de los lugares donde el Área Metropolitana de Guadalajara cuenta con espacios destinados para el deporte skateboarding.

Aproximadamente, poco más de 10 pistas de skate son las que, de manera estirada, cubren con la demanda que día a día crece en los municipios metropolitanos. Y es ahí en una de esas pistas donde el miércoles pasado nos sentamos a charlar algunos peatones poco extremos y chicos amantes del skate. Estos eskatos, que desde el año 2000 se han enfrentado (porque enfrentarse es la palabra cuando los canales de participación no existen) a gobiernos que poco caso hacen a las necesidades  de este deporte. Situación: la necesidad de un diálogo y trabajo entre servidores públicos y usuarios reales.

 

¿Y a mí qué? ¿Por qué habría de importarnos a todos como ciudadanos la situación de las pistas de skate en la AMG?  Porque es aquí también donde se refleja una de las debilidades de nuestros gobiernos municipales, la mala utilización de los recursos tanto humanos como financieros. Los veteranos del skateboarding en nuestros municipios aplauden la iniciativa de los gobiernos locales por construir espacios para este deporte. Sin embargo, lamentan que con los presupuestos se lleven a cabo obras que poco cumplen con las especificaciones mínimas para que estas pistas sean lugares óptimos para el deporte.

 

La calidad de los materiales, la falta de fluidez debido al mal diseño de las pistas, la incongruencia entre la velocidad de las rampas y el resto de los obstáculos colocados en los circuitos son una de las tantas especificaciones técnicas que se ignoran, pero sobre todo —y lo que más lastima el ánimo de los ciudadanos— es que no se consulte y se tome en cuenta el conocimiento mas sustancioso a la hora de proyectar una obra de este tipo:  El CONOCIMIENTO DE LOS VERDADEROS USUARIOS.

 

Ante este argumento me surge una pregunta: ¿Qué opinan los usuarios más jóvenes, aquellos que cada tarde, mañana y noche se reúnen a realizar un deporte pese a las condiciones de las pistas?
“Los usuarios de alguna manera se adaptan, es como cuando el papá te quiere enseñar por el camino más difícil”, me responde uno de los eskatos.
Pese a que en ocasiones este camino es el que fortalece la enseñanza, en este caso el camino difícil no significa sólo lecciones de vida, sino accidentes que con un diseño mas óptimo podrían evitarse.

 

¿Y si este mismo tema lo trasladamos a la proyección de las banquetas, accesos para discapacitados, parques públicos, estacionamientos de bici y cualquier proyecto que sea destinado para uso público? Tanto eskatos, como peatones, ciclistas y personas en sillas de ruedas nos preguntamos en qué momento y hasta cuando existirán los canales formales y necesarios para hacer de estos procesos unos que por obligación gubernamental y derecho ciudadano sean procesos de trabajo participativos.

 

Los jóvenes eskatos expresan la necesidad (desde hace años) de construir una pista de skate boarding que ponga el ejemplo a los proyectos que en un futuro vengan.  Porque, ¿cómo vamos a aprender si tomamos como referencia espacios mal diseñados que a decir de los usuarios directos son un “copy-paste” de proyectos que tampoco cumplen con las normas? ¿Quién pondrá el ejemplo de una buena pista de skate donde las necesidades, experiencias y conocimientos del usuario sean transformadas por esos arquitectos e ingenieros que habitan las direcciones de obras públicas de nuestros municipios? ¿Tlaquepaque, Guadalajara, Zapopan, Tonalá, Juanacatlán, El Salto?

 

Y así transcurre la plática entre la única sombra existente dentro del parque de skate. Al parque no sólo le hace falta un buen diseño en la pista, sino también mobiliario urbano; desde bancas, botes de basura, iluminación, un reglamento serio que dignifique el lugar  y un mayor número de ciudadanos que estén comprometidos con un espacio que los dignifique como deportistas

 

Yo, como usuario indirecto de los parques de skate, veo en ellos un gran potencial y un lugar del que también puedo apropiarme. Al final, ¿quién no ha ido una tarde cálida a sentarse a la  orilla de unas albercas de skate a pasar el rato?
¡Ah! ¿No lo ha hecho nunca? 
El espectáculo de ver a esas chicas y chicos que bailan y flotan al ras del cemento con un ritmo envidiable está recomendado al 100 por ciento. Y la entrada es libre.

 

@poreyesii
*Miembro de Ciudad para Todos

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