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Blog: Activarse de manera lúdica

 

 

 

 

Jesús Carlos Soto Morfín.- «La tristeza no vuelve inteligente. En la tristeza estamos perdidos. Por eso los poderes tienen necesidad de que los sujetos sean tristes. La angustia nunca ha sido un juego de cultura, de inteligencia o de vivacidad. Cuando usted tiene un afecto triste, es que un cuerpo actúa sobre el suyo, un alma actúa sobre la suya en condiciones tales y bajo una relación que no conviene con la suya. Desde entonces nada en la tristeza puede inducirlo a formar la noción común, es decir, la idea de algo común entre dos cuerpos y dos almas.» Gilles Deleuze.

«Todo lo que hacemos tiene que divertirnos». Principio de acción de Ciudad para Todos.

Como Gilles Deleuze afirma, no es a partir de la tristeza que podemos transformar las cosas, no es ahí cuando más inteligentes somos ni cuando más en nuestros cinco sentidos estamos para producir lo común. Además, actuar alegremente, de manera jovial o divertida, tiene una doble ventaja: por un lado puede comunicar mejor y contagiar a más, pero también es un paliativo ante la tragedia, sin evadirla es como un resguardo: “si todo sale mal -como es muy probable que ocurra- por lo menos te divertiste, ya ganaste eso.”

Es estúpido malgastar los ánimos en acciones sin pasarla bien y por desgracia esta es una práctica común en las luchas sociales. El estereotipo del líder social tiene la cara triste y grita harto ronco. El intelectual crítico debe tener un aire melancólico y si no es un farsante. Quien porta una sonrisa y no una consigna más bien es tildado de burgués simplón o idiota que no de individuo libre, soberano y comprometido.

Sí, quizá el mundo vaya terriblemente mal. Pero pongamos un paréntesis. En primer lugar se trata de un mundo social, no de la realidad en su totalidad –algo, por otro lado, inasible-. Y no todo lo que compone lo social puede estar mal o tan mal. También hay que pensar si no siempre ha sido así. Desde antaño el mundo va tan mal que seguro está próximo su fin. Entonces, pausa.

Sí, es honorable querer transformar cosas, tiene que ver con nuestra naturaleza creadora. Pero hay que ubicar eso en el horizonte de las posibilidades humanas, individuales y colectivas. No decir “yo puedo” para luego lanzarse de bruces contra el mundo, sino preguntarse “¿qué puedo?”. Un punto de vista distinto que sitúa primero el cuidado de uno mismo, la economía de las fuerzas y el conocimiento de las potencialidades para de ahí elaborar las acciones. No es esto mero achicamiento de miras, al contrario. Dice Spinoza que en la medida en que hacemos lo que favorece nuestra alegría, a través de hacer lo que queremos –lo que está de acorde a nuestra razón- aumentan nuestras potencialidades. Con la tristeza ocurre al revés. Pero no hay que menospreciarla, es parte de un mismo sentimiento.

Otra cita de Deleuze: «Una alegría del crecimiento, no edificada sobre el resentimiento, ni sobre el odio, ni sobre las desgracias ajenas; una alegría que no necesita la tristeza de los otros para existir.» En otras palabras: el entusiasmo no requiere la derrota de los otros ni de victorias a toda costa. Ocurre a pesar de las peores circunstancias –hay testimonios de los campos de concentración- y muchas veces llega a pesar de uno mismo. La alegría, dicen algunos pensadores, tiene que ver con una aceptación tácita de la vida, sin reservas.

Aceptar esto quizá parezca ridículo para un activista. ¿Cómo? Si el motor de mi activación pareciera ser precisamente la falta: que precisamente todo va tan mal y hacen falta tantas cosas para cambiarlo. Pero lo que va mal es uno o dos o veinte mil aspectos de la realidad social, no de la realidad en y por si misma. Esa permanece intacta. Un soporte para el respiro. Cuidado con juzgarla toda rebajándola a un solo punto de vista.

Pensar que al mundo le falta o que la vida está incompleta es práctica, diría Nietzsche, de un espíritu de resentimiento, de venganza, causado por la mala digestión de la propia desgracia o de la insatisfacción de uno consigo mismo, una incapacidad de sobreponerse y asimilar los errores, las pérdidas, las caídas como aprendizajes siempre a favor del individuo y de la vida misma. Por eso nada más nocivo que la culpa, el castigo o la vergüenza que impiden la superación.

«No cargar la vida bajo el peso de los valores superiores, incluso los heroicos, sino crear valores nuevos que sean los de la vida, que hagan de la vida lo ligero o lo afirmativo.» Gilles Deleuze

Que nuestra activación no sea pesada, que no sea un sacrificio, que sea ligera. Es la única forma de hacerla sustentable en el tiempo: práctica, divertida, económica, replicable. A final de cuentas lo que estamos combatiendo es a la tristeza que provoca la contaminación de un río, el sacrificio de vidas a los motores, el progreso inhumano, la ciudad de la prisa, el derroche idiota del dinero público. Cosas que ponen triste porque dificultan el desenvolvimiento armónico de la propia vida en el entramado social. El activismo no es otra cosa que vivir haciendo lo que más se quiere. Y a veces eso es subirse a un árbol, estorbar tractores, frustrar discursos solemnes, rayar muros, sembrar azoteas verdes o ir en bicicleta al trabajo: ataques lúdicos a lo que atenta contra la vida.

Por cierto, ¿de dónde salió todo esto? de la derrota sufrida en el campamento en contra del puente atirantado, del que sin embargo salimos victoriosos, nos divertimos a lo bruto. ¿Consecuencia? El doble de entusiasmo para combatir la Vía Express de $7′,000,000, hoy muerta.

@negrosoto
*Miembro de Ciudad para Todos.

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24 de febrero de 2012

El Génesis del Apocalipsis

Karla Preciado

En el principio, el hombre creó el automóvil.
Y la tierra estaba ordenada y vacía, y las vías de tránsito se utilizaban indistintamente para peatones, bicicletas, carretas y tranvías.
Y dijo el hombre: “Sean las vías para el auto”, y las vías fueron.
Y vio el hombre que eran buenas; y separó el hombre la vía para el auto de la vía para los demás vehículos.
Y llamó el hombre a esa vía Calle, y a las demás vías les llamó Banqueta o  Servidumbre o Espacio para mesas o Jardinera o cualquier otra cosa. Y fue la tarde y la mañana un día.
Luego dijo el hombre: “Hágase el automóvil accesible a las grandes masas”, y se hizo.
E hizo el hombre los concesionarios automotrices con créditos y facilidades de pago, y separó los que podían tener un automóvil de los que no podían tener uno, y a los que podían los hizo ciudadanos de primera y a los que no podían ciudadanos de segunda. Y fue así. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.
Después vio el hombre que las calles no eran suficientes para los automóviles, así que movió edificios, demolió parques, derribó su propio patrimonio arquitectónico, acortó banquetas y quitó tranvías para dar más espacio al carro, y la separación entre los que tenían un automóvil de los que no lo tenían uno se hizo más amplia.
Y llamó el hombre a esto Progreso. Y creyó que era bueno.
Y fue la tarde y la mañana el día tercero.
Dijo también el hombre: “Es necesario organizar y mejorar el paso de los automóviles”. Y fue así. Y el dinero público que antes se invertía en educación, salud o bienestar social se invirtió en semáforos, topes, pavimento, señalética y agentes de vialidad.
Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.
Luego dijo el hombre: “Hagamos que el automóvil se mueva con más rapidez, como cruzando la abierta expansión de los cielos”.
Y creó el hombre las grandes avenidas, bulevares, autopistas urbanas, puentes y pasos a desnivel, y los vehículos más lentos se relegaron a un pequeño y oscuro espacio para que no estorbaran.
Y el hombre bendijo a los automóviles, diciendo: “Fructificad y multiplicaos, y hacedlo en todas las calles, en todas las avenidas, en todas las ciudades, en favor del Progreso”.
Y fue la tarde y la mañana el día quinto.
Dijo luego el hombre: “Haya lugares en la ciudad para separar el automóvil en movimiento del inmóvil; y que esos lugares sean sumamente accesibles, seguros y cómodos para los automovilistas”. Y fue así.
E hizo el hombre los estacionamientos; en cada hogar, en cada centro comercial, en cada oficina; también los hizo en el lado derecho de las calles.
Y removió las banquetas que quedaban para hacer estacionamientos en los negocios.
Y quitó el poquísimo espacio público de las zonas residenciales, y las paradas de autobús. Incluso sacrificó espacio de su propia casa para salvaguardar la integridad del automóvil inmóvil. Y creyó el hombre que era bueno.
Entonces dijo el hombre: “He aquí que he dado al automóvil todo el espacio que hay en la faz de la tierra, y he tirado todo árbol en que había fruto que diera semilla, y he derribado todo edificio que estorbara; os servirá para circular”.
Y toda bestia de la tierra, y todas las aves de los cielos, y  todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, y toda planta verde les será dada para producir gasolina para sus automóviles. Y toda vida humana segada por el automóvil será considerada el costo de la vida moderna. Y fue así.
Y vio el hombre todo lo que había hecho, y creyó que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.
Fueron, pues, construidas las calles y las autopistas necesarias.
Y bendijo el hombre al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho. Y sólo entonces se bajó del auto y disfrutó del único parque que quedaba, de los pocos árboles que había en pie, de los animales que sobrevivieron, de la gente ajena y desconocida, de la contaminación, de la ciudad hecha exclusivamente para los automóviles y no para la gente.
Estos son los orígenes de los automóviles y de las calles cuando fueron creados, el día que el hombre  hizo la calle y los automóviles.
Postdata: No vaya a creer que esto pasó hace mucho, sucede cada día.
@karlapre

*Miembro de Ciudad para Todos

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23 de febrero de 2012

Intervención sonora en el espacio público

Gerardo Montes de Oca

El arte contemporáneo actualmente ofrece un sinfín de posibilidades desde su concepción, elaboración y presentación a la audiencia. Los límites no son definitivos en este proceso, incluso los objetos artísticos no son tampoco definitivos en sí mismos. Una de la posibilidades es la instalación de objetos artísticos en espacios públicos. Y como ejemplo tenemos la instalación sonora que se realizó el pasado 18 de febrero en la Plaza Tapatía como parte del Encuentro Internacional de Grabación de Campo organizado por el Laboratorio Sensorial y Sociacusia (Andrés Aguilar y Yair López con el apoyo de Israel Martínez) cuyo título fue Libertad Sonora.

Por medio del equipo de audio con el que esta plaza ya cuenta (en el área de las Fuentes Danzarinas) se reprodujeron una serie de piezas de Arte Sonoro de artistas locales como Israel Martínez, Florencia Guillén y Yair López, así como de artistas internacionales como Francisco López, Simon Whetham y Fabián Luna.

Las instalaciones sonoras en espacios públicos añaden al sitio una capa de sonidos ajenos al espacio intervenido, alterando la percepción del mismo. Con dicha intervención se abrió la posibilidad de vivir de otra manera un espacio particular de la ciudad yuxtaponiendo múltiples capas de sentido (del espacio, del sonido y lo resultante de esto). Una de las intenciones del arte actual es la de generar preguntas, y tal acción podrá provocarnos muchas sensaciones, reflexiones o conclusiones. De ellas, una es la que deja al descubierto la imposición de escuchar, se quiera o no, lo que se reproduce por medio de los altavoces.  Pero si nos detenemos un poco más en esto se devela la imposición de los sonidos urbanos.

En la ciudad de Guadalajara, como en la mayoría de las ciudades, vivimos una constante percepción de sonidos que no elegimos escuchar en casi todo espacio: sonidos de autos y tráfico, música, vendedores a pié o en autos con espectaculares y equipo de sonido, avionetas anunciando un circo, etc.

La vivencia sonora es así una vivencia en la que los individuos o hasta la colectividad no tienen ni voz ni voto. Más aún, generalmente no somos conscientes de ello y ni lo cuestionamos, lo vemos como normal o natural. Si acaso lo sufrimos conscientemente un día al volver de vacaciones de un lugar natural como la playa o el bosque, o al disfrutar la belleza de la ciudad cuando “todos” se han ido de puente. Y ciertamente es natural que una conglomeración de millones de personas en movimiento e interacción de una u otra manera impliquen la exposición a sonidos sin que podamos decidir no escuchar. El mero caminar ya implica sonidos. Aún más, nosotros mismos habitamos el sonido desde nuestra individualidad, comenzando con el latir del corazón, la respiración y el pensamiento mismos que escuchamos en nuestro interior. No se pueden cerrar los oídos como se cierran los ojos.

Pero más allá de los sonidos que nuestro cuerpo o el de otros genera por sí mismo o por su movimiento, desplazamiento o nuestra interacción social, existen un sin fin de otros sonidos que se generan de otra manera, no por nuestro cuerpo ni consciente voluntad, y pareciera que ninguno de nosotros pudiera decidir sobre su tipo y nivel de volumen de estos. ¿Cuáles son estos otros sonidos, quién o quiénes los generan?

Podemos responder que esos otros sonidos son generados por autos o camiones, por camionetas o avionetas con equipo de sonido (anunciando esto o aquello), etcétera. Y si bien es cierto, quedarnos en ese nivel de respuesta sería muy limitado. El sonido que impera en nuestra ciudad es, definitivamente, de autos. Pero pongámosle apellido: autos particulares. Podríamos también decir que contribuyen el transporte público, espectaculares móviles o avionetas contratadas por cierta empresa.

¿Y cómo es que todo esto llegó a nuestras calles o cielos? Existe una estructura económica, política y social que sostiene esto a diferentes niveles. La forma en que nos desplazamos, interactuamos o comerciamos en la ciudad está definida en gran parte por su diseño y sus políticas. Por ello, gran medida de los sonidos que se generan en la ciudad se definen también por el diseño urbano y sus políticas (ésta última que no puede comprenderse sin su inseparable relación con la economía), no sólo por su tamaño. Autopistas urbanas, túneles, puentes: más y más vías para más y más autos. Redes de transporte supuestamente público totalmente desarticuladas y excesivas gracias a una compleja mafia poderosa. Y el que existan vehículos terrestres o aéreos anunciando sonoramente algún producto implica que detrás exista un permiso, y detrás de esto una ley que regule o no esta generación de sonidos (intereses particulares, nuevamente, de por medio).

Entonces caben las preguntas, ¿quién o quiénes deciden el diseño de nuestra ciudad y sus políticas y, por ello, la forma en que habitamos, nos desplazamos e interactuamos en ella? ¿Quiénes y cómo deciden sobre nuestra calidad de vida?

Cerremos los ojos por un momento, concentrémonos. ¿Qué escuchamos? ¿Qué lógica existe detrás de todos esos sonidos? –silencio.

Propongo entonces, al sonido como un elemento y al oído como una vía, ambos hacia una reflexión respecto a la ciudad que tenemos y la que, quizás, podemos desear. Antes que pensar sobre qué tanta voz y voto tenemos en cuando al tipo de ciudad que generamos y reproducimos (aspecto ciertamente imprescindible, especialmente en estas fechas), pensaría en qué tanto oído tenemos, qué tanto escuchamos a nuestra ciudad y a las estructuras aparentemente fantasmagóricas detrás,  qué tanto nos escuchamos a nosotros mismos. Libertad Sonora me parece un muy buen título, irónico. Al buen escucha, pocas palabras. Escuchemos nuestra ciudad.

@gmov
*Miembro de Ciudad para Todos

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22 de febrero de 2012

 ¿Cuál es la importancia de las áreas de esparcimiento en la zona metropolitana de Guadalajara?

José Luis Ortiz

En la cotidianidad a veces olvidamos que existen sitios de esparcimiento que están hechos para convivir con los vecinos, la familia y los amigos. Estos sitios pasan desapercibidos quizá por la inseguridad, ausencia de iluminación, apatía o simplemente porque nos olvidamos de que existen.

Llamémosle pues a estos sitios de esparcimiento parques y/o unidades deportivas, lugares que debido a su bondad ofrecen una gran variedad de actividades recreativas y relajantes, a la vez que por su composición otorgan beneficios ambientales, ecológicos y de paisaje.
La distribución del tiempo y ocio de los individuos jóvenes de la comunidad local, enfocándose en la recreación y el deporte, es bastante dispersa debido a que no se cuentan con suficientes centros con infraestructura capaz de abastecer a la población que tiene esas necesidades. Los centros que existen no tienen un plan de manejo sustentable en el cual el objetivo principal sería de autoabastecer sus necesidades económicas, administrativas y de personal. Es evidente se trata de espacios olvidados por las autoridades locales. Como un claro ejemplo tenemos la unidad deportiva de Tabachines que tiene más de un año que comenzaron a realizar obras para mejorarla, sólo para dejarla inconclusa por falta de recursos.
Desde luego, los pocos recursos con que se cuenta en la región para realizar funciones críticas de la regulación, licenciamiento y gestión ambiental, tanto en el sector público como en el privado, podrían focalizarse mejor si se contara con información ordenada y disponible (Pinal G. 2009).
Sin embargo estas unidades deportivas no solo fungen como áreas de esparcimiento sino que cumplen un papel ecológico importante como micropulmones del entorno urbano, ya que cuentan con espacios abiertos en los cuales el aire contaminado proveniente de las actividades industriales y de transporte son, en un porcentaje mínimo, inhalados.
Por otro lado estos sitios exhalan aire limpio y oxigeno, cumplen un papel como corredores biológicos dentro del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) principalmente para la avifauna (aves). Son áreas de regulación térmica al bajar la temperatura promedio y generar un gradiente térmico más estable, permiten la recarga de los mantos freáticos y los acuíferos subterráneos (pocos lo sabemos, pero toda el AMG está sobre el Acuífero Atemajac).
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el mínimo de áreas verdes por habitante debería ser de nueve metros cuadrados. Sin embargo, el AMG no lo cumple. Estamos sumergidos en una selva de concreto en la cual solo tenemos de 2.5 a 3.2 m2 promedio de áreas verdes por habitante según estudios del Departamento de Producción Forestal del Centro de Estudios Regionales de la Universidad de Guadalajara y, de acuerdo a los mapas proporcionados por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) y los análisis de las imágenes satelitales (Fotointerpretación), las unidades deportivas son, en su mayoría, las que suman más a las áreas verdes que tenemos por habitante. Esto significa que por individuo tenemos tres veces menos que lo que señala la OMS como mínimo.
El presupuesto con el que contará este año la Secretaría de Desarrollo Urbano (Sedeur) es de mil 600 millones de pesos, de los cuales poco más de mil millones de pesos serán destinados a proyectos viales atendiendo la problemática del automotor. Para efectos de tratar de cumplir con los parámetros mundiales de salud en materia de áreas verdes, está clara la dirección que debemos seguir tanto la ciudadanía como las autoridades. El cuidado de las áreas verdes, las unidades deportivas y las zonas de esparcimiento, detener el cambio de uso de suelo y atender al programa de ordenamiento territorial son puntos imprescindibles para mantener una calidad de vida aceptable para los habitantes del AMG.

*Miembro de Ciudad para Todos

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21 de febrero de 2012

La calle y las redes sociales

Sergio Wheeler

El uso que le damos a las redes sociales puede ser tanto para socializar como para criticar: hemos visto su utilidad en las revoluciones del 2011 y, por supuesto, en las que están sucediendo este año. Sin embargo, para que un movimiento surgido en las redes sociales tenga relevancia e impacto verdadero, se debe traducir en acciones de calle.

El cliché de revoltosos con el que se tilda a quienes hacen protestas, plantones, marchas y acampadas, hace que los movimientos sociales sean mal percibidos y no generen empatía con los distintos actores de la sociedad. Una parte fundamental de los movimientos sociales tiene que ver con pasar de la protesta a la propuesta. Esa propuesta debe tener fundamentos y argumentos teóricos y académicos: si se va a protestar es porque se conoce una mejor manera de hacer las cosas.

Las iniciativas que Ciudad para Todos ha encabezado, como la Ciclovía Ciudadana, También Somos Clientes, Cine en el Parque y El Tour Gastronómico, son ejemplos de acciones que buscan sumar esfuerzos para crear conciencia de una manera lúdica sobre temas serios. Y todo esto tiene un elemento en común: la organización de dichas actividades se dio en gran medida a través de las redes sociales. Actividades que surgen de una lluvia de ideas que, de manera completamente desorganizada, se van transformando y complementando unas con otras para generar acciones bien planeadas y atractivas para los medios. Otro capítulo importante para Ciudad para Todos que no habría sido posible de no ser por las redes sociales, sin lugar a dudas fue el décimo congreso internacional Hacia ciudades libres de autos, al grado en que nos llegamos a hacer la pregunta: ¿cómo organizaban un congreso internacional las personas antes de que existieran las redes sociales? Fue a través de Facebook que pudimos sumar esfuerzos para lograr que dicho congreso se llevara a cabo. A lo largo de estas iniciativas, son los mismos integrantes los que se suman a dichas actividades, ya sea como organizadores o como participantes: las replican y dan a conocer a través de las cuentas personales de redes sociales y es así como personas que no son miembros, pero sí simpatizantes del movimiento terminan por acudir al llamado para sumarse.

En lo personal, fue también así como llegué a Ciudad para Todos, a raíz de la primera Ciclovía Ciudadana. Cuando vi el video (que se puede consultar aquí: http://www.youtube.com/watch? v=iFUbrme9V0M) no me podía perdonar a mí mismo el no haber participado, y me prometí a mi mismo que sin pretextos estaría ahí para pintar la próxima Ciclovía Ciudadana. No fue sólo una actividad en la que me divertí muchísimo, sino que puedo asegurar que fue un parte aguas en mi vida. Gracias a esta actividad conocí y me volví amigo de un grupo extraordinario y diverso de personas con las que tendré un vínculo de por vida. A partir de ese momento, las redes sociales tomaron una importancia relevante en mi vida y gracias al material compartido en ellas como textos, documentales, videos y otros materiales audiovisuales, es que me atrevo a decir que en un año aprendí mucho más de lo que aprendí en tres años en la universidad. Ese es el poder de las redes sociales: comunicar, transmitir, educar y articular buenas ideas, generando empatía e interés por participar.

¿Y tú, qué uso le das a las redes sociales?

@pulpourbano
*Miembro de Ciudad para Todos

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